Cómo cambiar un grifo de ducha paso a paso

Cambiar un grifo de ducha puede parecer más complicado de lo que realmente es. A simple vista impone un poco: agua, conexiones, posibles fugas, llaves de paso, juntas… pero lo cierto es que, con las herramientas adecuadas y unos pequeños tips, es una de esas tareas de mantenimiento que un manitas puede hacer en casa sin necesidad de recurrir a un profesional.

Además, cambiar el grifo de ducha es una buena oportunidad para mejorar la comodidad del baño, renovar la estética, evitar goteos y conseguir un uso más eficiente del agua. Y si eliges bien el modelo, la diferencia se nota desde el primer día.

Hoy te explicamos cómo cambiar un grifo de ducha paso a paso para que el resultado quede bien hecho y evitar sorpresas.

Cuándo cambiar un grifo de ducha

No hace falta esperar a que el grifo se rompa para plantearse el cambio. Muchas veces hay señales bastante claras de que ya no está dando el servicio que debería.

Por ejemplo, si el grifo gotea aunque esté cerrado, si cuesta regular la temperatura, si la maneta está dura, si notas desgaste por cal o si el caudal ya no es el de antes, seguramente ha llegado el momento de sustituirlo.

En cualquiera de esos casos, el cambio merece la pena. No solo por estética, sino porque un grifo en mal estado es incómodo de utilizar y aumenta el consumo de agua sin que te des cuenta.

Qué necesitas para cambiar un grifo de ducha

Antes de empezar, lo mejor es preparar todo. Lo habitual es que necesites una llave inglesa, un alicate de fontanero o una llave fija, un cubo y fregona para recoger el agua que pueda caer, una bayeta para limpiar la zona, producto antical si la instalación está muy castigada y, por supuesto, el nuevo grifo de ducha.

También conviene abrir la caja del grifo nuevo antes de desmontar el viejo. Parece una tontería, pero así te aseguras de que están todas las piezas y de que no te vas a quedar a medias con la ducha desmontada.

Antes de desmontar: corta el agua y prepara la zona

Aquí está la parte más importante para trabajar tranquilo. Antes de tocar nada, cierra el suministro de agua. Si tienes llaves de paso en el baño, perfecto. Si no, corta el agua general de la vivienda.

Una vez hecho esto, abre el grifo para liberar la presión que quede en la instalación. Después coloca una toalla, un cubo o una bayeta debajo del grifo, porque al desmontarlo siempre cae algo de agua residual.

Este también es un buen momento para fijarte en el estado general de la zona. Si ves mucha cal, corrosión o conexiones muy castigadas, quizá te convenga renovar no solo el grifo, sino también alguna pieza auxiliar para dejar la instalación bien rematada.

Antes de empezar: este cambio es para un grifo de ducha de superficie

Esta guía está pensada para cambiar un grifo de ducha de superficie, es decir, el modelo que va instalado de forma visible sobre las tomas de agua de la pared. Es el caso más habitual en muchos baños y también el más sencillo a la hora de sustituirlo.

Si tu baño tiene un grifo empotrado, la cosa cambia. En ese tipo de instalación parte del mecanismo va dentro de la pared, así que el desmontaje y la sustitución suelen ser más delicados. En esos casos, lo más recomendable es que el cambio lo haga un profesional para evitar daños en el revestimiento o problemas en la instalación.

Cómo cambiar un grifo de ducha paso a paso

1. Desmonta el grifo antiguo

Con el agua cortada, afloja las tuercas que unen el grifo a las tomas de la pared. Hazlo con calma, sin tirones y sin forzar más de la cuenta. Si lleva mucho tiempo instalado, puede ofrecer resistencia, sobre todo si hay acumulación de cal.

Cuando lo retires, deja las conexiones a la vista y comprueba en qué estado están. Este primer vistazo ya te dirá si el cambio va a ser rápido o si conviene revisar algo más antes de seguir.

2. Limpia bien las conexiones

Este paso es más importante de lo que parece. Antes de colocar el nuevo grifo, conviene limpiar bien las tomas, retirar restos de suciedad, cal, juntas antiguas o cualquier material que haya quedado de la instalación anterior.

Una buena limpieza ayuda a que el nuevo grifo asiente mejor, facilita el montaje y reduce el riesgo de fugas. A veces el problema no está en el grifo, sino en montar sobre una conexión sucia o mal preparada.

3. Revisa o cambia las excéntricas

Las excéntricas son las piezas que permiten ajustar la separación y la alineación del grifo respecto a las tomas de la pared. En muchos casos puedes aprovechar las antiguas si están en buen estado, pero si el grifo nuevo incluye las suyas, normalmente conviene instalarlas.

Aquí hay que trabajar con cuidado. Lo importante es que ambas queden bien alineadas, a la misma profundidad y con la separación correcta. Si una queda más salida que la otra o el conjunto no está nivelado, el grifo puede quedar torcido o forzado.

4. Coloca los embellecedores

Antes de fijar el grifo, coloca los embellecedores contra la pared. Son los que cubren la parte visible de la instalación y dejan el acabado mucho más limpio.

5. Instala el grifo nuevo

Presenta el grifo sobre las conexiones y empieza a enroscar siempre a mano. Esto es importante para asegurarte de que la rosca entra recta y no va cruzada.

Cuando veas que está bien presentado, aprieta con la llave de forma progresiva. Aquí el error típico es apretar de más. No hace falta hacerlo con una fuerza exagerada. Lo que buscas es que quede firme y estanco, no castigar las piezas. Recuerda proteger con un trapo la pieza para no dañar la superficie al apretar, sobre todo en griferías lacadas en negro o acabados especiales.

6. Abre el agua y comprueba que no haya fugas

Con el grifo ya colocado, abre poco a poco el suministro de agua y deja que la instalación coja presión. Observa bien las uniones y comprueba si aparece alguna fuga, por pequeña que sea.

Después abre el grifo y revisa el funcionamiento: que el caudal salga correctamente, que no haya pérdidas y que la temperatura responda como debe. Si todo está bien, el cambio está hecho.

Cambiar un grifo monomando o uno termostático: qué cambia

La base del montaje es muy parecida en ambos casos, pero sí hay algunas diferencias prácticas que conviene tener en cuenta.

  • Grifo de ducha monomando: es la opción más habitual y, por lo general, la más sencilla de montar. Controla el caudal y la temperatura desde una sola maneta, así que el uso es simple y el cambio también suele ser bastante directo. Si sustituyes un monomando, lo normal es que el trabajo sea rápido. Es una buena opción si buscas algo funcional, actual y sin complicarte demasiado.
  • Grifo de ducha termostático: el termostático añade un plus de comodidad porque permite mantener la temperatura de forma más estable. Es especialmente interesante en viviendas con niños o personas mayores ya que marcas como Tres tienen un sistema patentado en el que el grifo no quema al tacto. A la hora de instalarlo, conviene prestar especial atención a la entrada del agua caliente y fría. Si están invertidas, el grifo no funcionará correctamente. Por eso, aunque no es un cambio mucho más complejo, sí requiere revisar bien esa parte antes de dejarlo por terminado.

Si además vas a pasar de un grifo monomando o termostático convencional a un conjunto de ducha con barra y rociador superior, hay un detalle importante que no debes pasar por alto: normalmente tendrás que hacer un agujero en la pared para fijar correctamente la parte superior del conjunto. No es un trabajo complicado, pero sí conviene medir bien antes de perforar para que todo quede recto, firme y bien rematado.

Errores frecuentes al cambiar un grifo de ducha

Uno de los fallos más habituales es empezar sin haber cortado bien el agua. Otro, bastante típico, es montar deprisa y cruzar la rosca sin darse cuenta. También pasa mucho eso de reutilizar juntas en mal estado “porque parecen estar bien”, o apretar demasiado pensando que así no habrá fugas y acabar rompiendo un racor. 

Tampoco conviene olvidarse de revisar la alineación de las excéntricas. Si el grifo queda forzado, tarde o temprano acabará dando problemas. Y, por supuesto, otro error clásico es no comprobar las fugas con calma antes de dar el trabajo por terminado.

En este tipo de tareas, correr casi siempre sale mal. Mejor ir paso a paso y dejarlo bien hecho a la primera. 

Cuándo merece la pena llamar a un profesional

Aunque cambiar un grifo de ducha suele ser una tarea asumible para un usuario apañado, hay casos en los que es mejor no jugársela.

Si las tomas están muy deterioradas, si ves corrosión fuerte, si las roscas están dañadas, si las llaves de paso no cierran bien o si la instalación es antigua y da mala espina, lo más sensato es contar con un profesional. También si vas a cambiar algo más que el propio grifo y necesitas tocar parte de la instalación.

Ser manitas está muy bien. Pero tener criterio para saber cuándo parar también.

Elegir bien el grifo también importa

No todo está en el montaje. Elegir bien el grifo de ducha es igual de importante. Si vas a hacer el cambio, aprovecha para pensar qué necesitas de verdad en el día a día. Hay quien busca una opción sencilla y funcional. Otros prefieren un modelo más cómodo, con mejor control de temperatura o con un diseño más actual. También hay quien quiere renovar todo el conjunto y dejar lista la instalación con accesorios compatibles.

En ese punto, contar con productos fiables marca la diferencia. No solo porque el resultado queda mejor, sino porque te ahorra problemas futuros. Un buen grifo, unas conexiones adecuadas y unos accesorios bien elegidos convierten una tarea doméstica en una mejora real del baño. Además, en nuestra grifería siempre encontrarás instrucciones de montaje para que puedas resolver dudas durante la instalación y tener una guía de apoyo a mano en todo momento.

En Iterflex encontrarás diferentes modelos según lo que necesites, tanto si buscas una solución sencilla como si quieres dar un paso más en comodidad y diseño dentro de tu zona de ducha.

Renovar tu grifo de ducha es más fácil de lo que parece

Cambiar un grifo de ducha no tiene por qué ser ese arreglo que vas dejando para otro día. Si preparas bien la zona, cortas el agua antes de empezar y haces el cambio con calma, es una tarea bastante asumible para cualquier persona un poco mañosa.

Aquí no gana quien va más rápido, sino quien lo hace con cuidado. Revisar bien las conexiones, no forzar las piezas y asegurarte de que todo queda bien ajustado es lo que marca la diferencia entre un cambio bien hecho y una fuga inesperada a los dos días.

Y ya que te pones, merece la pena hacerlo bien desde el principio. Elegir un grifo más cómodo, más eficiente o con un mejor diseño no solo mejora cómo se ve la ducha: también hace que usarla cada día resulte mucho más práctico y agradable.

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